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Psicología Integral Paccayemati A. C.
Violencia en la mujer

¿Has escuchado algunas de estas frases?: “Es la cruz que te tocó, llévala con resignación”; “tu te callas, porque aquí mando yo”; “aguántate, que él es el hombre”; “el dinero lo manejo yo”; “no te digo…no sirves para nada”...  Estas frases fomentan la violencia contra la mujer o, en sí mismas constituyen violencia.

 Desde el nacimiento, niños y niñas empiezan a ser encaminados hacia formas diferentes de ser de acuerdo con su sexo.  La demostración de afecto marca la diferencia en cada uno: al varón, el padre lo acaricia y besa con mesura, se le dice que no llore, que sea fuerte y valiente.  A la niña, se le acaricia y besa más, se le dice que es bonita, dulce y frágil.  Las creencias sociales dictan que las mujeres deben ser pasivas, tiernas y sumisas, obedientes, dependientes y dedicadas al cuidado de los demás.  Adicionalmente, deben percibir a los hombres como superiores, proveedores, representantes de la autoridad y del poder de decisión.  Así, los hombres deben ser agresivos, competitivos y deben mandar y ejercer el poder. 

 Es en la familia, a través del aprendizaje de los roles de género, como se ha transmitido el ejercicio del poder que define la relación de pareja de dominio y sumisión.  El ejercicio abusivo del poder por parte de un género sobre otro se considera violencia de género, y surge en virtud de las grandes desigualdades sociales que prevalecen entre hombres y mujeres.[1] 

 ¿Y tú has sido víctima de violencia?... Al escuchar sobre este tema pensaba: “que triste, pobres mujeres”.  Como si fuera algo ajeno a mí, porque no me han golpeado.  Pero… ¿sólo eso es violencia? …

 En la universidad, el primer día de clase, varios maestros de distintas materias se nos quedaban viendo a las mujeres y nos decían “señoritas, ¿qué hacen aquí? esta escuela y esta carrera es de hombres.  Por qué no se van a cocinar pasteles”.   Hace unos meses un colega de mi doctor nos contó un “chiste” a mi mamá y a mí: “¿Por qué menstrúan las mujeres? Porque se lo merecen”.  Estos episodios en mi vida ahora sí los puedo calificar como  violencia contra mí, como mujer.

 En el  ámbito legal mexicano se ha hecho un esfuerzo por frenar la violencia contra las mujeres: La Ley General para la igualdad entre Mujeres y Hombres[2]  promueve, entre otras cosas, acciones que contribuyan a erradicar toda discriminación basada en estereotipos de género.  También está la Ley General de Acceso de las Mujeres a una vida Libre de Violencia[3], que en su artículo 4 marca como principios rectores: la igualdad jurídica entre la mujer y el hombre; el respeto a la dignidad humana de las mujeres; la no discriminación y la libertad de las mujeres.  

 Este ordenamiento jurídico reconoce como tipos de violencia los siguientes: a) psicológica: cualquier acto u omisión que dañe la estabilidad psicológica, como: negligencia, abandono, descuido reiterado, celotipia, insultos, humillaciones, devaluación y marginación; b) física: cualquier acto que inflige daño no accidental, usando la fuerza física o algún tipo de arma u objeto que pueda provocar o no lesiones ya sean internas, externas, o ambas; c) patrimonial: cualquier acto u omisión que afecte la supervivencia de la víctima. Como puede ser la transformación, sustracción, destrucción, retención, o distracción de objetos, documentos personales, bienes y valores, derechos patrimoniales o recursos económicos destinados a satisfacer sus necesidades; d) económica: Es toda acción u omisión del agresor que afecte la supervivencia económica de la víctima.  Se manifiesta a través de limitaciones encaminadas a controlar el ingreso de sus percepciones económicas, así como la percepción de un salario menor por igual trabajo, dentro de un mismo centro laboral; e) sexual: Es cualquier acto que degrada o daña el cuerpo y/o la sexualidad de la víctima y que por tanto atenta contra su libertad, dignidad e integridad física.  Es una expresión de abuso de poder que implica la supremacía masculina sobre la mujer, al denigrarla y concebirla como objeto; f) también es violencia cualquier otra forma análoga que lesione o sea susceptibles de dañar la dignidad, integridad o libertad de las mujeres, y g) violencia Feminicida: forma extrema de violencia de género contra las mujeres.  Como conductas misóginas que pueden conllevar impunidad social y del Estado y puede culminar en homicidio y otras formas de muerte violenta de mujeres.

 En esta ley también se establecen modelos de atención, prevención y sanción como son: brindar asesoría jurídica y psicológica gratuita a las víctimas; acceso al domicilio en común de la autoridades policíacas o personas que auxilien a la víctima a tomar pertenencias; favorecer la separación y alejamiento del agresor con respecto a la víctima; prohibición del agresor de enajenar o hipotecar bienes de su propiedad, cuando se trate del domicilio conyugal y bienes de la sociedad conyugal; posesión exclusiva de la víctima sobre el inmueble que sirvió de domicilio y refugios para las víctimas e hijos.

 Se creería que bastaría con prever los supuestos de violencia en ordenamientos legales y denunciar para que se extinga el problema, pero lo cierto es que éste es más grave y complejo debido a la dificultad de las mujeres para RECONOCER estas situaciones que, habitualmente se vuelven “invisibles” debido a la tolerancia que nuestra sociedad muestra hacia ellas. En México 5 de cada 10 mujeres son víctimas de la violencia.  Una de cada 4 mujeres reconoció haber experimentado una relación violenta alguna vez en su vida y en 3 de cada 4 casos el principal agresor fue la pareja.[4]  Ante la pregunta ¿su pareja le pega? 21% de las mujeres encuestadas contestó “bueno, sí me ha pegado, pero no mucho” “no, bueno sólo una cachetada”.  La cultura trivializa la violencia en lo general y la que se ejerce contra las mujeres, en lo particular. 

 La violencia se da en círculo y consta de  3 fases: a) fase de acumulación o tensión: Pueden iniciar con un pequeño empujón, una mirada impositiva, una expresión de descalificación como “tontita”, con el control de la vestimenta y después subir el tono e intensidad; b) fase de explosión: En este momento la violencia se encuentra en su máxima intensidad.  Los actos de agresión pueden ser gritos, humillaciones, golpes y abuso sexual, entre otros y seguir en aumento hasta llegar a ocasionar lesiones físicas y emocionales graves. Los actos violentos tienen toda la intención de causar daño.  El agresor, como una forma de control, evita que la persona acuda con familiares, amigos o vecinos, generando una sensación de indefensión que lleva a tolerar pasivamente la situación, y c) fase de luna de miel falsa: En este momento parece que la situación tiende a resolverse, de ahí que ambos estén dispuestos a comprometerse a resolver sus diferencias y reestablecer relaciones afectivas.  Sin embargo, las promesas muchas veces se vuelven difíciles de cumplir y nuevamente se acumula la tensión. 

 Muchas mujeres se preguntan si son culpables de la violencia. NO, cada persona es responsable de su conducta, nadie es responsable de la conducta violenta del otro.  Nada justifica la violencia, no es normal ni natural.

 Las mujeres que viven en una situación de violencia familiar, se ven afectadas en numerosos aspectos de su vida, comenzando por su autoestima; refuerzan su inseguridad, dependencia, desvalorización y sentido de incapacidad.   Una relación con violencia es muy intensa y crea gran confusión, entonces pueden ser muy variadas las razones para que la víctima siga ahí, como son: el peso de las amenazas del agresor; la situación de aislamiento creciente de la víctima; la coexistencia de agresión y gentileza de variada índole; la presión social para que la relación prosiga y la familia no se separe, por miedo a tener que afrontar sola los problemas financieros, también puede estar el amor como adicción y dependencia.

 En el caso de la mujer como víctima, se busca, esencialmente, que fortalezca su autoestima y pueda defenderse, que pueda poner límites, que reconozca y valide sus sentimientos; que asuma su enojo por lo vivido.  Es trabajar mucho en quién es y qué recursos tiene.

 La violencia no es un asunto privado ni un problema individual; por el contrario, es un asunto público que compete a la familia y a la comunidad.  A ti, a mi, a nosotras como mujeres para alzar la voz, no pugnando por una guerra de sexos; convencidas de que es un derecho que tenemos a ser respetadas y tratadas en forma igualitaria.  No sólo porque lo dicen las leyes, sino porque, a pesar de lo que hayamos escuchado o aprendido,  así lo creemos, así lo sentimos y así lo merecemos. 



[1] En el libro de Violencia Familiar y Adicciones, se comenta que la película “un rincón cerca del cielo”, en tiempo de las abuelas, era como un tributo a una feminidad mal entendida, que aguanta todo hasta el límite de la propia salud y felicidad, bajo la creencia de que será recompensada en el paraíso.

 

[2] Decreto por el que se expide la Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres.  Diario Oficial de la  Federación, Miércoles 2 de agosto de 2006.

[3] Decreto por el que se expide la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Diario Oficial de la Federación, jueves 1 de febrero de 2007.

[4] Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones de los Hogares , 2003, en Violencia familiar y adicciones, Centros de Integración Juvenil, A.C., México, págs. 46 y 47

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